Volvió Indiana Jones, fiel a su estilo.
| Con el estreno de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal vuelve el mítico personaje creado por Steven Spielberg en un lejano 1981. Ahora, a 19 años de la última parte de la saga, Harrison Ford retoma el clásico personaje del arqueólogo y aventurero. Indiana Jones se basa en el exacto reverso de los últimos super-héroes de la pantalla grande, con sus escenarios plagados de efectos especiales en detrimento de la narración. |
Esto no quiere decir que esta cuarta entrega de Indiana Jones no sea fantasiosa, abunde en efectos especiales y que, en gran medida, resulte completamente inverosímil en su planteo; pero –debe quedar claro- hay una historia y los elementos accesorios de todo film de entretenimiento, como los efectos sonoros y visuales, son sólo aquí una apoyatura (bien lograda) del desarrollo de la acción.
La saga de Indiana Jones tuvo inicio en 1981 con Los cazadores del Arca perdida, pero el concepto del Arca de la alianza como principal línea argumental fue creada por Philip Kaufman a mediados de la década del ’70, casi en paralelo a otro gran clásico del cine de entretenimiento como La guerra de las galaxias. En estos films la intención fue recuperar, en plena decadencia de los grandes estudios jaqueados por la televisión, el espíritu de las películas seriadas de aventuras de los años ’30 y ’40. La ciudad de Tanis, citada como Zoán en diversos pasajes de la Biblia, es aquella donde se dirigen en busca del Arca perdida; en El templo de la perdición el culto tuggee fue una real fraternidad en la India que existió hasta mediados del 1800 y mezclaba el asesinato con la adoración a la diosa Kali. La tercera parte, La última cruzada, traslada la acción a 1938 cuando Indiana Jones se reencuentra con su padre, un excelente Sean Connery, investigador durante décadas de la localización del Santo Grial. Sorprendentemente, debe citarse que en 1935 el nazismo había creado la Ahnenerbe Forschungs-und Lehrgemeinschaft por inspiración directa del teórico racista Walter Darré. Amen de los salvajes crímenes cometidos en nombre de la ciencia dentro del “Instituto Anatómico de Estrasburgo”, el grupo también se dedicó a expediciones arqueológicas para demostrar “la superioridad de la raza aria” e incluyeron la búsqueda de la reliquia de la última cena.
Algo debe quedar claro y es que el cine norteamericano de los grandes estudios no es de tipo histórico sino que “Hollywood fabrica representaciones mitológicas que son sus aspiraciones para la historia real”, como señaló el crítico de Cahiers du Cinéma, Jean-Michel Frodon. Bajo este precepto Spielberg ha trabajado algunos ítems con cierta conexión histórica para envolver en una realidad verosímil a un personaje que no lo es tanto.
Así las cosas la historia de Indiana Jones en el reino de la calavera de cristal se traslada de 1938 a 1957, los exactos diecinueve años que separan a ésta de la anterior producción de 1989, para retratar a un envejecido pero atlético profesor Jones que en pleno auge maccarthista debe encontrar el cráneo de cristal de Akator, que los rusos robaron del hangar donde descansa el Arca de la Alianza de la primera parte. El tema de la calavera de cristal, nunca probado con rigor histórico, deslumbró al cine y desde House II a Tom Raider su presencia ha sido constante. Un episodio de la serie Stargate relata el origen extraterrestre de los cráneos.
Tomando esta base argumental, la acción devuelve a Indiana Jones al ruedo y ya no serán los nazis sus contrincantes. En tiempos de la Guerra Fría, la no menos gélida Irina Spalko es el personaje del villano de turno que busca el poder escondido en ese lejano elemento de origen incierto.
En una historia que traslada la acción de los Estados Unidos a Perú y luego a la cuenca del Amazonas, Indiana Jones se topará con un joven que le pide auxilio (al que conoce más de lo que imagina), y se reencontrará con Marion Ravenwood, la misma de Los cazadores del Arca perdida, lo que le permitirá cerrar viejas heridas.
Cambiando de época cambian las modas, los autos, los enemigos y los amigos y hasta la música, entonces Elvis Presley se escucha en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal aunque John Williams siga fielmente presente. Pero algunas constantes como el guiño cómplice con elementos de los tres films anteriores o aquellos de clara referencia cinéfila, la presencia de Mutt (Shia LaBeouf) ingresando a la historia cual Marlon Brando en El Salvaje (The Wild One, 1953) hacen que esta cuarta (¿y última?) entrega de la saga de Indiana Jones cumpla con sus objetivos y recupere el espíritu de buena parte del cine de acción de la década del ’80, marca registrada del binomio Lucas-Spielberg. Película de entretenimiento, de narración clásica, con actores reconocidos y en su madurez interpretativa como Harrison Ford o John Hurt, sustentados por un guión que privilegia el desarrollo de la trama. Cierto sector de la crítica ha comentado que la villana Irina Spalko es demasiado caricaturizada pero ¿no era tal la representación de los “enemigos soviéticos” en los films clase-B en épocas de la Guerra Fría? Cate Blanchett cumple entonces su rol malvado dentro de una película cuyo héroe de aventuras fue diseñado por un dibujante, Jim Steranko, que bien pudo inspirarse en Errol Flynn.
Pero a no confundirse, Indiana Jones es el héroe de la cándida modernidad vista desde la posmodernidad y, gracias a eso, se salva con elegancia y altruismo del cinismo actual del cine de entretenimiento. Seguramente esa sea su auténtica última cruzada.
Artículo de Elcine.ws


























