Más de Indiana Jones.
| El mayor peligro que Indiana Jones ha tenido que enfrentar en su vida le exige un reto mayor. Su nueva cinta, El reino de la calavera de cristal, requiere a espectadores que tengan un profundo interés en la ciencia ficción de los años 50, |
en los seriales de matiné e, incluso, en la vida del mismo George Lucas, quien lleva años diciendo que la búsqueda del conocimiento puede ser lo más apasionante para una vida. La gran pregunta es si el adolescente de hoy está dispuesto a toparse con este tipo de temas e ideas en la pantalla, en vez de la acción desmedida como Hollywood lo tiene acostumbrado.
Llegamos al tiempo en que los apellidos Lucas y Spielberg representan un sello nostálgico en el cine, llevándonos inmediatamente a una serie de valores de la generación baby boomer, quienes con éxito lograron compartir su sentir idealista con sus hijos, hoy treintañeros, que ahora llevarán a sus hijos al cine con la firme intención de compartir una experiencia que gestó su niñez y primeros años de juventud.
Así, la cuarta aventura de Indiana Jones, más que una continuación de la serie, es un epílogo con aventura incluida, la cual existe para cerrar a sus personajes y, de paso, darle una palmada a quienes gozaron las cintas en pantalla grande (de 1981 a 1996), diciéndoles al oído que la vida que experimentan en su etapa de madurez valió la pena si se apostó por el conocimiento y no por acumular bienes.
Indiana Jones es Harrison Ford y viceversa, portando netamente el factor nostalgia y, desde un inicio, haciendo mofa de su edad como un caballero gallardo y algo cansado, quizás incluso hastiado de ser comparado con los héroes de plástico veraniegos con intenciones de sólo vender palomitas.
Nos encontramos ahora, a mediados del siglo XX, y Jones continúa como profesor de Universidad. A él le llega el joven envaselinado Mutt Williams (Shia LaBeouf), quien le pide ayuda para rescatar a su madre Mary de las manos de unos secuestradores que la relacionan con el profesor Oxley (John Hurt), quien conoce el paradero de una calavera de cristal con poderes sobrenaturales.
Los villanos ahora son los comunistas rusos, no los nazis, símbolo del peligro atómico y del terror a una invasión que tenía como metáfora las llegadas de los platillos voladores y sus despiadados planes.
Spielberg y Lucas no sólo se detienen para poner a Indy cerca del caso Roswell, sino también aprovechan para homenajear clásicos como Rocketship X-M (1950), El día que la Tierra se paralizó (1951), Them!: el mundo en peligro (1954), Marabunta (1954), Rebelde sin causa (1955) y la obligada Las minas del rey Salomón (1950).
Igualmente se hacen referencias a escenas o momentos de la trilogía que inició con Los cazadores del arca perdida, donde el músico John Williams es el encargado, con sus acordes, de recordárnoslas, nuevamente con un sentido nostálgico.
Hay que decirlo: Doctor Jones, nos estamos haciendo viejos, pero usted, aunque en momentos parezca un tanto oxidado, ha regresado con la inteligencia de sus creadores para una vez más, sólo por el gusto de los viejos tiempos, montarnos con usted en una cruzada que no tiene el objeto de la gloria de las medallas ni la fama, sino sólo el privilegio de poder decir: “Yo estuve ahí en el cine viendo a Indy salvar al mundo y deseando con él que jamás su sombrero, tipo fedora, se quede en el camino”.
Nota de exoline.com.mx


























